Los estragos de la DANA
LOS ESTRAGOS DE LA DANA
Ante el impacto de estos
últimos días de consternación, angustia y caos en los pueblos de Valencia
debido a la DANA, voy a expresar en esta nueva entrada los sentimientos que ha
despertado en mí, al que igual que en gran parte del país.
Cuando vi en la televisión
imágenes de esas corrientes inmensas de agua llevándose con ella todo lo que
encontraban a su paso, incluso vidas, no creí que estuviese ocurriendo en
nuestro país. Y es que el cambio climático esta avanzando a pasos tan agigantados
que, aunque muchos creyésemos que todavía faltaba tiempo para que alcanzase
España, lo hizo. Ha dejado a las familias desamparadas, sin un techo y sin los
recursos básicos con los que seguir adelante, que si no hubiera sido por el
pueblo no habrían conseguido nunca. Se han visto vecinos de todas las
comunidades movilizándose con maquinaria y personal para ayudar a limpiar las
calles embarradas, así como con comida y productos de higiene y protección para
evitar contraer enfermedades que emanan de las aguas estancadas. Otros han dado
refugio a aquellos que han perdido su hogar y, con ello, todos los objetos y recuerdos
de valor que tenían. Es alucinante y conmovedor ver la fuerza que tienen el
sentimiento de fraternidad y pertenencia a la comunidad en situaciones como
esta, donde lo primordial para salir adelante es trabajar unidos.
Pero lo cierto es que esas
imágenes son idénticas a aquellas que llevamos años viendo en otros lugares del
planeta como son Filipinas, México, Estados Unidos o las islas del Caribe,
donde huracanes y ciclones causan los mismos o incluso estragos más graves de
forma recurrente. Y lo mismo sucede con otras catástrofes como los conflictos
bélicos. Países como Siria o Sudán llevan meses en guerra y probablemente la
mayoría de las personas a las que preguntes no tengan conocimiento de ello. Sin
embargo, cuando se inició la guerra entre Rusia y Ucrania, a todos los países europeos
cercanos y que podrían verse implicados y afectados nos llegó rápidamente la
noticia. Esto me lleva a pensar que nos preocupamos y concienciamos de la
gravedad de los problemas cuando ocurren en nuestro entorno más cercano.
Pero lo importante ahora
es ayudar a todos los afectados no solo a corto plazo, sino de cara a un
futuro, pues los efectos más graves que la DANA tendrá sobre ellos serán psicológicos,
causando todo tipo de traumas y enfermedades mentales. Estas personas sienten rabia
e impotencia porque la catástrofe les ha quitado su vida y no fueron advertidos
de que pasaría, pero a la vez saben que ya no hay vuelta atrás y la única
opción que tienen es aceptarlo como puedan y conseguir salir adelante.
Hay un conflicto interior
entre el cerebro emocional y racional, como ya vimos en clase. Sin embargo, en
estos casos donde nuestro sistema límbico y el hipotálamo actúan tan predominantemente,
la razón (neocórtex) poco puede hacer y la dominancia del cerebro emocional se
manifestará a largo plazo en síntomas físicos y psicológicos de todo tipo. Por
ello, el profesional sanitario deberá tener muy presente el efecto de la DANA y
no limitarse a tratar los síntomas físicos que pueden ser derivados de factores
mentales. En esta situación será imprescindible abordar las enfermedades
trabajando de abajo a arriba.
Ante esta situación,
contra el trauma, lo mejor que podemos hacer para ayudarlos es mostrar empatía,
asegurarnos de que estén rodeados de gente que les haga sentir seguros, que les
apoye y en quien puedan confiar para desahogarse. Son muy importantes el
contacto físico y la escucha. A veces, solo basta con un fuerte abrazo o con sentir
la mirada de la otra persona para soltar todo aquello que guardamos dentro,
porque contar nuestros miedos nos ayuda a comprender mejor cómo nos sentimos y nos
empuja a superarlos.

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