Reflexiones en Renfe
REFLEXIONES EN RENFE
Mientras viajo en tren hacia mi pueblo, he recordado la clase de condicionamiento operante de esta semana y he pensado que podría plasmar en mi blog una anécdota interesante en relación con esto.
Cuando era pequeña, pero no tanto, hice una trastada que no sentó demasiado bien a mis padres. Ellos, como se acercaba la Navidad y sabían que el tema de los regalos era lo único que me preocupaba en esas fechas, decidieron que lo más efectivo sería decirme que los Reyes Magos me traerían carbón. A mí, que me veía ya con un trozo de mineral negro e inservible en las manos, en lugar del Nenuco que tanto había pedido, lo más ingenioso que se me ocurrió decir fue: "papis, quitadme si queréis la tablet durante una semana, pero no quiero carbón". Y así fue, yo misma me impuse mi propio castigo y, como a mis padres les pareció una buena alternativa, accedieron, con la condición de que tendría que comportarme bien hasta la Noche de Reyes para abrir regalos a la mañana siguiente. Esa semana sin tablet fue un tanto aburrida, pero yo solo podía pensar en lo bien que me lo pasaría en unas semanas cuidando de mi muñeco. 👶
Y os preguntaréis, ¿a qué viene todo este sermón?. Pues bien, en la anécdota hay 3 ejemplos distintos de condicionamiento operante. El castigo que en principio querían imponerme mis padres, dejándome carbón bajo el árbol, es un ejemplo de castigo positivo. En cambio, el castigo que yo ideé es un ejemplo de castigo negativo. Además, el recibir mi Nenuco como "recompensa" por mi buen comportamiento era un reforzamiento positivo.
Enlazando con el tema de la sensibilidad al castigo y la recompensa, quería exponer otro ejemplo personal, pues todavía me quedan unos minutos de viaje.
Durante los meses de cuarentena, tuve demasiado tiempo libre para sobrepensar y, si a eso le sumamos que el verano estaba a la vuelta de la esquina y el impacto de las rutinas de deporte para conseguir un perfect body en las redes sociales, a mi yo de 15 años no se le ocurrió mejor idea que restringir extremadamente las comidas para mantenerme delgada. Cualquier persona que me conozca sabe que mi mayor debilidad desde pequeña ha sido el chocolate, pero lo cierto es que durante esa etapa de mi vida era muy meticulosa, tenía un control impresionante de la cantidad de comida que ingería y una fuerza mental enorme que nunca pensé que podría tener. Así, si me ponían delante galletas de chocolate, decía que no me apetecía, pues sabía que no me merecía la pena el remordimiento posterior si accedía a comer.
Este es un claro ejemplo de sensibilidad al castigo, pues en mi caso ganaba el miedo a arrepentirme si me comía algo con un alto contenido calórico, antes que la satisfacción y el placer que me daría hacerlo.😬
El tren ha llegado a su destino y me despido hasta la próxima entrada ;)
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